Publicado por Viva El Puerto
Semana intensa para los testículos de Beardo. Primero, decidió retirar el conjunto escultórico que el artista Daniel Sueiras instaló en 2016 en el cementerio municipal, en homenaje a los portuenses fusilados por el franquismo. Lo hizo sin expediente, sin informe técnico, sin ningún trámite administrativo. Solo con una orden verbal, directa y personal suya. Vamos, por sus cojones.
El Foro por la Memoria lleva 21 años trabajando en la identificación y dignificación de las víctimas de la represión franquista en nuestra ciudad. Ha colaborado con todos los gobiernos que han pasado por el Ayuntamiento. Hasta que llegó Beardo. El Foro ha pedido explicaciones al alcalde y ha advertido que, si no recibe respuesta, acudirá a la Secretaría de Estado de Memoria Democrática y a la Fiscalía de Memoria Histórica de Cádiz. Lo que ha ocurrido tiene nombre en la Ley 20/2022 de Memoria Democrática: una infracción que puede ser grave o muy grave, con sanciones económicas y posible responsabilidad penal.
Algunos días después, la Fiscalía remitía al Juzgado número 1 de El Puerto un escrito solicitando que se continúe el procedimiento penal contra el exjefe de la Policía Local y el concejal de Seguridad, Jesús Garay, hombre del núcleo duro del beardismo y de máxima confianza del alcalde, por presuntos delitos que van desde la prevaricación hasta la malversación, pasando por cohecho, extorsión y tráfico de influencias. Todo ello en relación con una trama que incluye aparcamientos de feria y un trenecito ilegal que circuló tres días por la ciudad en pleno agosto con el conocimiento del concejal. Garay tiene pendiente otra investigación por una trama de corrupción en Puerto 3. Pero su lealtad a Beardo tiene precio: 63.000 € al año. Por sus cojones.
Dos noticias, un mismo retrato. Un monumento a los fusilados del franquismodestruido porque al alcalde le ha dado la gana, y un concejal de su máxima confianza a un paso del banquillo que seguirá en el gobierno cobrando un pastizal porque es amigo del alcalde. Así es como Germán Beardo entiende el gobierno: por sus cojones y para los suyos.