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Donald Trump, Europa y las disputas interimperialistas

Donald Trump ha concedido una entrevista al periódico británico The Times y al alemán Bild en la que ha hablado de cuál será su política exterior respecto a Europa. Una entrevista muy interesante porque presenta un cambio de doctrina en la política exterior de los EEUU que vuelve a planteamientos más parecidos a las lógicas anteriores a la 2ª Guerra Mundial, al menos discursivamente. 

Por ejemplo, es muy importante el cambio de status para Alemania, que pasa de ser un pilar sobre el que consolidar la política europea de los EEUU a concebirse como rival económico y, por tanto, una amenaza. Esto no es moco de pavo. Alemania ha sido un aliado fiel de EEUU en pleno corazón de Europa. que ha sabido ejercer su peso diplomático y militar. Recordemos que en Alemania se encuentra el motor despliegue de militares estadounidenses en el extranjero y que llevan allí más de 50 años. Por poner dos ejemplos recientes, Berlín ha defendido a capa y espada las sanciones de EEUU a Rusia y ha jugado un papel importante en la crisis ucraniana en favor del gobierno pro-europeo de Kiev.

Para Trump Alemania es un país más, y este cambio se tiene un daño colateral: se lleva por delante a la Unión Europea a la que considera una "zona de influencia y un instrumento alemán”. Es también un cambio brutal en las relaciones EEUU-UE, tradicionalmente buenas como corresponde a dos aliados con una misma visión neoliberal del mundo. Pero Trump lo tiene claro: para él la UE no supone una ventaja sino una rémora, un elemento negativo para los EEUU.

A Trump parece importarle poco la Unión Europea, cuestión que deja clara de nuevo ante el Brexit: quiere aprovechar la salida del Reino Unido de la UE para firmar un acuerdo comercial bilateral que sirva de ejemplo a otros países europeos y, de paso, debilite a la institución europea perjudicando a su vez a la economía alemana.

Durante la entrevista Trump esboza los nuevos planes que tiene para la OTAN. Para el nuevo Presidente de los EEUU, la OTAN está “obsoleta" porque divide el mundo entre países aliados y rivales, reduciendo los mercados en los que actuar libremente. Además, parece concebirla más como una empresa de seguridad privada que como un tratado de defensa colectiva, ya que según él, al parecer los europeos no pagamos lo suficiente por la protección americana… Abróchense los cinturones, porque se atisban en el horizonte subidas espectaculares en el gasto militar para mantener las bases de Rota y Morón. 

Y por último, Rusia. Trump está decidido a acabar con la nueva guerra fría de Obama y a entenderse con el enemigo tradicional americano. En el punto de mira está la reducción mutua del arsenal nuclear -a lo que Moscú parece haber respondido positivamente si se suman al acuerdo el resto de potencias nucleares del planeta- o la retirada de las sanciones si se llegan a "buenos acuerdos" entre ambos.

En resumen: mano tendida a Rusia, apoyo decidido al Brexit y críticas a Alemania, la OTAN y la Unión Europea. Muchos cambios en la política exterior europea y en la visión tradicional que EEUU tiene del mundo, con único objetivo: mantener la hegemonía del capital industrial estadounidense en un mundo cada vez más multipolar, en el que la crisis económica y la emergencia de nuevas potencias cada vez hace más difícil la obtención de beneficios para las grandes corporaciones de las que viene Trump, y a las que representa. Qué bonitas son las pugnas interimperialistas ¿verdad?

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