martes, 13 de agosto de 2013

Algunas cuestiones sobre Gibraltar

Hay un tema de actualidad estos días que ha eclipsado a cualquier otro: Gibraltar. Todos hablamos de ello, tuiteamos, discutimos, leemos etc. Tanto que al final he sucumbido a escribir un post sobre toda esta polémica artificial en torno a una porción de tierra de 7km2 en un país con seis millones de parados, dónde más del 60% de jóvenes reconoce que quiere marcharse al extranjero y regalamos 36.000 millones de euros a los bancos. Pero en fin, ahí van siete opiniones personales que me gustaría resaltar respecto a esta cuestión

El origen: los bloques. La 'crisis' se desata en pleno agosto cuando el gobierno de Gibraltar lanza a la Bahía de Algeciras unas decenas de bloques de hormigón, toda una práctica inaceptable en las aguas españolas y un ataque a los pescadores algecireños por el que el gobierno de Rajoy pone el grito en el cielo. Sin embargo, a través de Ecologistas en acción nos enteramos de que "se trata de una práctica habitual en el litoral peninsular que se ha llevado a cabo en distintas zonas de Andalucía para crear arrecifes artificiales que regeneren el fondo marino y los caladeros locales, además de impedir la pesca de arrastre". Es más, estos lanzamientos de bloques parece que comenzaron en el mes de junio, pero la polémica salta en ahora. ¿Casualidad?


Cortina de humo. El ‘conflicto’ con Gibraltar ha venido muy bien al gobierno de Mariano Rajoy. En pleno escándalo del caso Bárcenas, tras una comparecencia del presidente del gobierno en el parlamento que no convenció a casi nadie y con Cospedal, Arenas y Álvarez-Cascos citados a declarar en poco días, las portadas de los periódicos se han llenado de banderas de España y reivindicaciones territoriales, desplazando a cualquier otra información. El principio de silenciación de Goebbels ha funcionado a la perfección.

Una Colonia. Medios de comunicación, tertulianos etc. todos suelen referirse a Gibraltar como una colonia, afirmación que no es del todo cierta. Sí es cierto que Gibraltar tenía ese rango hasta 1969, cuando tras un referéndum se le otorgó el actual estatus de territorio británico de ultramar junto a otras antiguas colonias que no se independizaron o que votaron a favor de seguir siendo territorios británicos sin formar parte del Reino Unido. También es cierto Gibraltar es uno de los 17 territorios no autónomos del Comité Especial de Descolonización de la ONU, hecho que sin embargo no tiene por qué implicar la cesión a España en un futuro.

Utrecht, un tratado desfasado. El tratado de Utrecht es la principal baza de España en su batalla frente a Gibraltar, un tratado que se firmó hace 300 años, cuando España era un imperio gobernado por la gracia de Dios. En su artículo X el tratado recoge que se ceden “la ciudad y castillos de Gibraltar, juntamente con su puerto, defensas y fortalezas”, lo que permite según España denunciar el incumplimiento del tratado por parte gibraltareña. Como curiosidad, ese mismo artículo -reivindicado hasta la saciedad por la derecha española- no se acaba ahí y recoge por ejemplo la prohibición de que en Gibraltar vivan “ni moros ni judíos” y niega el derecho de los gibraltareños a la autodeterminación, concepto que por aquel entonces no existía. Hechos que evidencian lo arcaico del tratado y lo absurdo de seguir reivindicándolo hoy día.

A vueltas con las aguas territoriales. Otro concepto que no existía en 1713 es el de aguas territoriales, que sería recogido siglos más tarde en la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar, considerada como uno de los tratados multilaterales más importantes de la historia, y que estipula que todo Estado tiene derecho a establecer la anchura de su mar territorial hasta un límite que no exceda de 12 millas marinas. Ello otorga al Reino Unido aguas territoriales en torno a Gibraltar ( en este caso primando el derecho de tránsito sobre el estrecho) avaladas por una convención internacional firmada por España y otros muchos países.

La autodeterminación está por encima de la integridad territorial. Está afirmación la hizo el ministro de asuntos exteriores del Reino Unido y estoy totalmente de acuerdo. Como comenté más arriba en 1713 no existía la noción de autodeterminación o de soberanía popular y, lógicamente, la opción de preguntar a los llanitos sobre su futuro no fue incluida en el tratado. La postura española obvia totalmente este derecho de los gibraltareños, pretendiendo que llegado el caso Gibraltar pase de ser británico a ser español sin consultar a la población del peñón.

Menos controles a los trabajadores y más al fraude fiscal. Más allá del patriotismo de pandereta que exhibe el gobierno de Partido Popular hay otras cuestiones verdaderamente importantes y de mucho más calado que no están encima de la mesa. La respuesta del gobierno al 'desafío' gibraltareño está siendo aumentar los controles en la frontera, una medida que daña sobre todo a los más de 7.000 trabajadores españoles que la cruzan a diario. Cabría preguntarse por qué el gobierno no toma medidas para presionar en favor de que Gibraltar deje de ser un paraíso fiscal o por qué no se persigue a las empresas españolas asentadas en el peñón para evadir impuestos.

¿Cuál es mi posición? Antes de reclamar la anexión de 7 km2 al estado prefiero reivindicar el fin de Gibraltar como un paraíso fiscal (esas piezas necesarias para mantener la maquinaria de la industria financiera a escala mundial) y defender el derecho de autodeterminación de los pueblos. La última palabra la deben tener los habitantes del peñón, que son quienes, en mi opinión, llegado el momento deben decidir su futuro ya sea para seguir siendo parte del Reino Unido, integrarse en España u optar por la independencia.

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